Inteligencia Artificial aplicada a los edificios inteligentes

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La Inteligencia Artificial (IA) es una de las tecnologías más punteras y revolucionarias de nuestro tiempo. Se está integrando en prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas y los edificios no son una excepción. La IA está desempeñando un papel fundamental en la forma en que diseñamos, construimos y gestionamos nuestros espacios, al permitir que los edificios sean más inteligentes, eficientes y sostenibles.

En este artículo, explicaremos el concepto de IA y exploraremos algunas de las aplicaciones específicas que se llevan a cabo en los smart builindings, concepto al que ya dedicamos un artículo hace unos meses.

Sensores: los sentidos de la IA

La Inteligencia Artificial es la capacidad de las máquinas para aprender, razonar y tomar decisiones de forma autónoma, simulando la inteligencia humana. En esta, se utilizan algoritmos y datos para realizar tareas específicas, mejorando con la experiencia y adaptándose a nuevas situaciones.

En concreto, en los edificios la base de la IA son los sensores, los que podríamos concebir como los ojos y oídos de los edificios inteligentes. Son dispositivos que recopilan datos sobre el entorno, como, por ejemplo, la temperatura, el nivel de humedad, la intensidad de la luz, la presencia de las personas o el consumo de energía, entre otros.

La recopilación de estos datos es esencial para poder entender cómo se utiliza un edificio y de qué forma se puede optimizar su funcionamiento, pero, además, la IA no sólo recopila datos, sino que aprende de ellos y toma decisiones para realizar una gestión eficiente de los recursos del edificio.

Principales aplicaciones de la Inteligencia Artificial en edificios

La Inteligencia Artificial está en un momento de continuo desarrollo y es difícil saber cómo acabará transformando la realidad de los edificios y, los espacios corporativos en particular. Lo que sí observamos es el auge de nuevas aplicaciones de la IA en los smarts buildings. Algunas de estas aplicaciones que ya vemos en funcionamiento son:

Gestión de Energía:

La IA es capaz de analizar los datos de los sensores para optimizar el uso de energía en un edificio. Por ejemplo, puede ajustar automáticamente la calefacción y la refrigeración según la ocupación y las condiciones climáticas, reduciendo así los costes y la huella de carbono.

Una de las grandes ventajas de la climatización inteligente es la capacidad de medir la calidad del aire mediante sensores de CO2. Un valor, que después de la pandemia de COVID-19, preocupa más si cabe a la población por el impacto directo de la contaminación en nuestra salud y en el medio ambiente.

A modo de ejemplo, imagina que, en un edificio de oficinas, la IA analiza los datos de consumo de agua de todos los aseos y observa que hay uno de ellos que consume ligeramente más agua que el resto a pesar de que el número de personas que accede es mucho menor al resto de aseos. Difícilmente, los equipos de mantenimiento se darían cuenta de esta circunstancia. Gracias a la IA, sin embargo, se sustituyen los pulsadores del grifo que, evidentemente, dejaban correr el agua mucho más de lo necesario.

Seguridad:

La Inteligencia Artificial está transformando la seguridad en los edificios al permitir una detección más precisa de amenazas y una respuesta más rápida a situaciones de emergencia. Los sistemas de seguridad basados en esta tecnología pueden detectar comportamientos anómalos y alertar sobre posibles peligros como intrusiones o ayudar a la prevención de incendios o accidentes, a través de datos de cámaras de seguridad y sensores de movimiento.

Además, la IA también puede integrarse con sistemas de control de acceso para mejorar la seguridad en el edificio mediante el análisis de patrones de acceso y de la detección de comportamientos inusuales, como intentos de acceso repetidos o fuera de horario.

Mantenimiento Predictivo:

El mantenimiento predictivo es una de las áreas donde la IA está transformando radicalmente la gestión de edificios. El mantenimiento predictivo utiliza datos en tiempo real y algoritmos de aprendizaje automático para prever y prevenir fallos antes de que sucedan, mediante el análisis de sensores de vibración, temperatura y otros parámetros.

Esto permite realizar mantenimiento preventivo en lugar de correctivo, reduciendo costes y tiempo de inactividad, en lugar de depender de calendarios fijos de mantenimiento o esperar a que ocurran averías.

Imagina que la IA descubre que una válvula del ascensor empieza a tener un comportamiento similar al que tenía esa misma válvula unos meses antes de romperse y tener que reemplazarse. La IA podría avisar a la empresa de mantenimiento del ascensor para que realizaran el cambio antes de que supusiera un problema en el día a día del edificio.

Experiencia del Usuario:

Los sistemas de IA también son capaces de personalizar la experiencia de los usuarios en los edificios inteligentes haciendo que su estancia sea más cómoda y eficiente.

Uno de los aspectos más destacados es su capacidad para personalizar el ambiente según las preferencias individuales de los usuarios, a través de sistemas que pueden ajustar automáticamente la temperatura, la iluminación y la ventilación del edificio.

Además, también se pueden utilizar asistentes virtuales como chatbots o interfaces de voz que proporcionan a los usuarios información y asistencia en tiempo real, responden a preguntas comunes, facilitan la programación de reuniones o reservan espacios de trabajo.

¿Serán los edificios realmente inteligentes?

La idea de que los edificios tengan la habilidad de convertirse en inteligentes ya no parece un tema de ciencia ficción, sino que es una realidad que va ganando espacio a diario. Y la transformación que estamos viviendo con la integración de sistemas de Inteligencia Artificial (IA) y el Internet de las Cosas (IoT) para mejorar la eficiencia, seguridad, comodidad y gestión de los recursos energéticos de un edificio nos hace pensar que el futuro será aún mucho más revolucionario.

Sin embargo, aunque no sabemos si los edificios serán cada vez más inteligentes, sabemos que la IA supone grandes desafíos a nivel de dependencia tecnológica y los riesgos asociados en caso de fallos o ciberataques, a nivel de privacidad de los usuarios y sostenibilidad (por los altos costes energéticos de estos sistemas computacionales).

En definitiva, se podría decir que los edificios están en camino de volverse inteligentes, pero el éxito y la aceptación dependerán de cómo se manejen los desafíos éticos, técnicos y sociales relacionados con su implementación.

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